ES

Diálogos con el mar

La investigación llevada a cabo por Ariana Domínguez García implica entender que los objetos contienen historias, tienen memoria y, además, construyen relatos en su relación cotidiana con las personas. Para profundizar en el relato que rodea a las piezas, ha sido utilizada la historia oral como principal herramienta de análisis, una metodología que nos ha permitido contemplar una gran variedad de fenómenos que rodean la vida cotidiana de los objetos.

Con este escenario, ha querido trabajar a partir de tres ejes: descifrar la biografía de los objetos y conectarla con la biografía de los autores o de las autoras, investigar sobre la importancia en su contexto sociohistórico y reflexionar sobre el proceso de patrimonialización de la pieza.

«Històries de vida: els objectes ens parlen»

Estudio de algunas de las piezas que forman parte de la colección del Museu Marítim de Mallorca desde una dimensión social y micro histórica.

Comunidad marítima

Entrevistas dirigidas a diferentes colectivos representativos de la comunidad marítima y que han desarrollado diferentes estrategias de divulgación dirigidas a preservar nuestro patrimonio marítimo.

Memoria oral

Proyecto de investigación centrado en la memoria oral de las personas mayores de Mallorca.

La investigación llevada a cabo por Ariana Domínguez García implica entender que los objetos contienen historias, tienen memoria y, además, construyen relatos en su relación cotidiana con las personas. Para profundizar en el relato que rodea a las piezas, ha sido utilizada la historia oral como principal herramienta de análisis, una metodología que nos ha permitido contemplar una gran variedad de fenómenos que rodean la vida cotidiana de los objetos.

Con este escenario, ha querido trabajar a partir de tres ejes: descifrar la biografía de los objetos y conectarla con la biografía de los autores o de las autoras, investigar sobre la importancia en su contexto sociohistórico y reflexionar sobre el proceso de patrimonialización de la pieza.

«Històries de vida: els objectes ens parlen»

Estudio de algunas de las piezas que forman parte de la colección del Museu Marítim de Mallorca desde una dimensión social y micro histórica.

Comunidad marítima

Entrevistas dirigidas a diferentes colectivos representativos de la comunidad marítima y que han desarrollado diferentes estrategias de divulgación dirigidas a preservar nuestro patrimonio marítimo.

Memoria oral

Proyecto de investigación centrado en la memoria oral de las personas mayores de Mallorca.

La investigación llevada a cabo por Ariana Domínguez García implica entender que los objetos contienen historias, tienen memoria y, además, construyen relatos en su relación cotidiana con las personas. Para profundizar en el relato que rodea a las piezas, ha sido utilizada la historia oral como principal herramienta de análisis, una metodología que nos ha permitido contemplar una gran variedad de fenómenos que rodean la vida cotidiana de los objetos.

Con este escenario, ha querido trabajar a partir de tres ejes: descifrar la biografía de los objetos y conectarla con la biografía de los autores o de las autoras, investigar sobre la importancia en su contexto sociohistórico y reflexionar sobre el proceso de patrimonialización de la pieza.

Entrevistas: «La mar mes a mes»

Jaume Amengual y el patrimonio marítimo
La vela llatina para Catalina Oliver, presidenta de la Asociación Alzinaires
Antoni Estades, presidente del Club Nàutic de Cala Gamba

«La remor de la memòria»

«La remor de la memòria» es un proyecto de investigación e interpretación artística que parte de la necesidad de conservar un legado, el patrimonio inmaterial, acumulado en la memoria de los pescadores, vendedoras de pescado y personas vinculadas al Port de Sóller, que han visto como este espacio geográfico singular ha cambiado a lo largo del tiempo, y es una representación de los cambios que se han sucedido en Mallorca en los últimos setenta años.

El proyecto de investigación, centrado en la memoria oral de las personas mayores de Mallorca, y concretamente del Port de Sóller, surge de dos necesidades: una propiamente científica y de investigación hacia el patrimonio inmaterial, en este caso oral, y una segunda, de la necesidad de documentar la memoria oral marítima, expresada por la comunidad marítima, más cercana al Museo Marítimo de Mallorca. Esta voz exige que este testimonio sea documentado desde el Museo, como así se manifestó en las diferentes reuniones que se mantuvieron entre la dirección del Museo y su comunidad, y como así se recogió en las primeras Jornadas de Estudios del Mar.

La investigación recoge las vivencias de doce testigos, el más viejo de los cuales nació a finales de los años veinte del siglo XX y el más joven a principios de los años noventa del mismo siglo. El trabajo ha hecho partícipes a los testigos de la nueva construcción del Museo de la Mar y ha generado un espacio de memoria, sin los cuales no habría sido posible su ejecución. Los testigos no son espectadores de su historia y de su representación en el museo, sino que forman parte, la deciden, a través de los recuerdos y de las vivencias.

Estos testimonios dejan de estar al margen de los discursos hegemónicos de los grandes protagonistas de la historia para formar parte de su construcción y representación. Son ellos los que en su día a día y de forma pasiva o activa, consciente o inconsciente, han construido el Puerto que tenemos y la Mallorca del siglo XXI, con sus contradicciones, que entran en diálogo con un pasado y un presente aceptado y cambiante. Unos cambios que se han ido sucediendo desde la posguerra, hasta hoy en día, pasando por el contrabando, el turismo, la llegada de nuevos pobladores y tradiciones, hasta la adaptación y adopción de nuevas costumbres y tecnologías. Han transformado cosmovisiones que se resisten al paso del tiempo, pero que aceptan sin más remedio los nuevos aires que llegan, que hacen entremezclar los deseos personales con los colectivos.

Un museo debe poder experimentar con nuevos lenguajes. De esta experimentación nace la relación entre la investigación desarrollada por la Dra. Catalina Gayà Morlà y el col•lectivo de mediación educativa y artística Sa Galanía, con Rosa Garcia Moreno y na Mar Barceló Suau al frente. Sa Galania reinterpreta la investigación, le da forma y cuerpo artístico; hace los relatos individuales una superposición de vivencias personales a lo largo del tiempo y la memoria del Port de Sóller construyendo un nuevo sujeto, colectivo, que a través de doce testigos construyen un pasado-presente selectivo, pero representativo de un conjunto de cambios.

Con sus instalaciones artísticas, Sa Galanía propone una poetización subjetiva y personal de la investigación llevada a cabo por Catalina Gayà, en colaboración con el Museu Marítim de Mallorca, incorporando otras herramientas expresivas para acompañar a las personas que nos visitan en su viaje por la memoria del Port de Sóller.


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«Memoria del Museo Marítimo de Baleares» (1951)

La «Memoria del Museo Marítimo de Baleares» es una pieza documental publicada en 1951 vinculada a la historia del antiguo Museo Marítimo de la isla. Se trata de un reciente descubrimiento a través del que podemos conocer los primeros intentos por patrimonializar la cultura marítima de Mallorca. Entre sus casi 77 páginas organizadas en tres capítulos y más de una trentena de fotografías, la Memoria incorpora una extensa documentación acerca de la gestión del antiguo museo, el tratamiento de su colección, así como las diferentes estrategias de musealización, entre otros aspectos. Hablamos, sin lugar a duda, de una pieza única e imprescindible para conocer la historia del museo, así como para comprender las relaciones generadas con el patrimonio marítimo isleño a largo de la segunda mitad del siglo XX. 

  1. Biografía de la pieza

Actualmente, la «Memoria del Museo Marítimo de Baleares» se encuentra bajo la titularidad del Museo Marítimo de Mallorca y es considerada una de las piezas más destacadas de su colección.
Desde sus orígenes, esta pieza documental ha estado vinculada a la historia de la institución actuando como un testimonio material de los inicios del proyecto museográfico. A pesar de su importancia, la Memoria desaparece junto con otras piezas de gran relevancia como consecuencia del cese del museo en 1974. Los primeros indicios de su paradero aparecen casi diez años después en el mercado de antigüedades de «El Rastro» de Madrid tras el hallazgo realizado por Carles Blanes, un conocido empresario mallorquín y coleccionista amateur.
Durante más de una década, la pieza pasa a formar parte del legado privado de la familia Blanes hasta la intervención de la Asociación de Amigos del Museo de Mallorca -una institución tradicionalmente dedicada a la salvaguardia del patrimonio marítimo isleño-, quienes se encargan de documentar el nuevo paradero del documento.
No obstante, no es hasta constitución del Consorcio del Museo Marítimo de Mallorca a finales de 2017 cuando se inician los trámites para su adquisición. Concretamente, este objetivo se inserta dentro de la investigación del museo liderada por el experto en patrimonio marítimo Manolo Gómez, para recuperar el conjunto de piezas que formaban parte de la antigua colección del Museo Marítimo de Baleares. Gracias al proyecto, la Memoria ha sido recientemente adquirida por dicha institución celebrando así el retorno simbólico a lo que podría considerarse su lugar de origen.  

  1. Interpretación sociohistórica
  • La historia del Museo a través de la Memoria

Uno de los elementos más destacables de este documento es el contenido que alberga sobre los orígenes del antiguo proyecto museográfico. Entre los aspectos más relevantes, la Memoria recoge interesantes reflexiones historiográficas acerca de la localización del antiguo museo situado por entonces en la planta baja del Consulado del Mar, conocida como la antigua sede del Colegio de Mercaderes. La elección de este espacio, un lugar tradicionalmente ligado al mar y al arte mercantil respondía, según dispone el documento, a una voluntad por poner en valor el esplendor del pasado marítimo mallorquín y por conmemorar importantes hitos históricos asociados a los periodos de progreso económico y tecnológico naval (Memoria del Museo Marítimo 1951: 1-4). Estas etapas comprendían des de los periodos de expansión del comercio marítimo de finales de la Edad Media, la colonización de América, así como el auge del arte mercantil en Mallorca a partir de finales del siglo XVII. En este sentido, es interesante apreciar cómo el interés por dar a conocer la cultura marítima a través del Museo pasaba por recuperar en primer lugar la historia de vida del edificio y ensalzar su conexión con unos determinados periodos históricos y universos marítimos.
Ciertamente, la Memoria hace visible una preocupación por incorporar el edificio dentro del proyecto museístico y adecuar su historia a la filosofía del Museo. Uno de los aspectos más ilustrativos de dicha adaptación tiene lugar a partir del proceso restaurativo de la fachada principal del edificio llevada a cabo los meses anteriores a la inauguración del Museo. Al respecto, es interesante destacar cómo dicho proceso se lleva a cabo bajo unos criterios restaurativos próximos a la Escuela Francesa de Viollet-le- Duc centrado en conseguir una «fidelidad histórica» siguiendo para ello los principios de unidad y de armonía estilística. A todos los efectos, la Memoria ilustra cómo el Museo intenta respetar los estilos primigenios asociados a los periodos de esplendor naval mallorquín y eliminar otras etapas históricas representativas de la vida de la fachada.

  • La Memoria: una necesaria reflexión sobre el patrimonio marítimo

Otro de los aspectos más interesante de esta pieza es la reflexión que contiene acerca de la necesidad por patrimonializar la cultura marítima de la isla, tal y como dispone uno de los objetivos redactados en el reglamento: «la necesidad de agrupar y conservar todos los objetos de carácter histórico que hoy se hallan dispersos en diversos museos y colecciones de carácter estatal y particular» (art. 1 De la constitución del Museo). Con esta problemática, la pieza resulta esencial para entender los primeros intentos de gestión patrimonial dentro del ámbito marítimo insular puesto que plantea el patrimonio como algo que ha de ser público, accesible y también colaborativo (Serra, 2015). Al respeto, las estrategias de divulgación que proponía el antiguo museo se dividían en exposiciones y en actividades didácticas previendo la constitución de una «escuela de maquestistas navales» (art. 7). Para recuperar el patrimonio marítimo, el antiguo museo desarrolla un trabajo conjunto con la Asociación de Amigos del Museo Marítimo de Baleares encargada de gestionar las donaciones y adquisiciones de las piezas al museo (art. 21).
Estrechamente conectada con esta preocupación, la Memoria hace visible una determinada noción sobre el patrimonio marítimo y actúa como un documento fundamental para analizar el conjunto de valores asociados a éste. Del total de piezas analizadas de su catálogo (285), se han identificado que un 50% pertenecían al mundo de la armada; 20% a la marina mercante; un 20% a los sistemas de navegación y un 10% hacen referencia al mundo de la pesca. Las biografías del general don Antonio Barceló , el general Valsameda, Fray Ramón Despuig-Grande maestre de Malta, el navegante mallorquín Jaume Ferrer, entre otros, son determinantes en la construcción de un discurso museográfico que se centra en el auge de la flota mallorquina y el arte mercantil en Mallorca entre los s.XVI-.XIX. A través de este discurso se pretendía valorar el conjunto de aspectos económicos, tecnológicos y científicos vinculados a la historia naval mallorquina.

  • Pasado y presente sobre el patrimonio marítimo 

A partir de estas ideas, observamos cómo esta pieza pone de manifiesto una manera de entender el patrimonio marítimo característica de una época determinada, estrechamente conectada con unos valores ligados al universo bélico y mercantil. Como podemos deducir del análisis contemplado anteriormente, su mirada se centra en ensalzar el conjunto de aspectos económicos, científicos y tecnológicos de una cultura marítima vinculada a la historia del pasado naval mallorquín, dejando de lado otros elementos tradicionalmente asociados al mundo del mar como es el universo de la pesca, los oficios artesanales, entre otros.
 Esta concepción sobre el patrimonio marítimo descrita en la pieza ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, considerándose entre algunos investigadores: «un fenómeno en permanente cambio, fruto de la inventiva social y grupal, de su identidad y de su memoria, como expresión de identidades resultantes de nexos entre pasado, presento y futuro» (Homobono, 2014). La actual mirada proyectada sobre este patrimonio incluye, de esta manera, un amplio espectro de universos asociados al mundo marítimo, como pueden ser las diferentes artes asociadas a la pesca, así como todo el conjunto de «relaciones articuladas históricamente por medio de las gentes de mar hombres y mujeres» (Pereira, 2009).

Estas dos miradas proyectadas alrededor del patrimonio marítimo no son excluyentes (una de corte social y otra más tecnológica), sino que ambas participan simultáneamente en nuestra actual consideración sobre el patrimonio. Al respecto, la Memoria resulta fundamental para entender esta noción poliédrica y cambiante del patrimonio marítimo: su estudio nos permite establecer puentes de conexión entre el pasado y el presente necesarios para reflexionar qué mirada tenemos actualmente sobre este aspecto y valorar, en definitiva: «la riqueza de las interpretaciones y reinterpretaciones simbólicas» (Ballart et al., 1996) que éste representa. En este contexto, esta pieza documental siembra un precedente directo para el actual proyecto museográfico del Museo Marítimo de Mallorca no sólo des del punto de vista biográfico, sino también des del punto de vista de gestión patrimonial.  
Des de esta perspectiva, observamos que el trabajo realizado por el Museo Marítimo de Mallorca no puede entenderse sin algunas de las estrategias de patrimonialización abordadas previamente por el antiguo museo. El documento muestra cómo existen ciertos puntos de conexión entre ambos proyectos a la hora de percibir y gestionar las piezas representativas de nuestra cultura marítima. Por ejemplo, el trabajo inicial de ambas instituciones parte de una creciente preocupación por el estado de dispersión del patrimonio marítimo y hacen visible una mirada nostálgica (Wilson, 1999) que reflexiona sobre la pérdida progresiva de formas de vida ancladas en el mar: «hoy ya ha perdido este estar tan cerca de quien le diera vida. Palma al ir creciendo en el trascurso de los siglos va robando en el mar sus terrenos palmo a palmo» (Memoria del Museo Marítimo 1951: 1).
Si en el caso del antiguo museo, esta recuperación se centraba en la recuperación del patrimonio naval, la salvaguardia proyectada por el actual museo se centra mayoritariamente en los oficios artesanales vinculados al mar. Esta comparativa ilustra como la mirada que proyectamos sobre el patrimonio está estrechamente vinculada a las transformaciones del contexto sociocultural más inmediato y se construye partiendo de la recuperación por aquellos mundos que se están perdiendo.

  1. Conclusiones

Tal y como se puede observar, esta pieza resulta fundamental para conocer los inicios del actual proyecto museográfico, pero también para comprender los primeros intentos por patrimonializar la cultura marítima de la isla. Su amplio contenido nos permite establecer diferentes niveles de análisis histórico y aproximarnos a los discursos que participación en la construcción de la cultura asociada a los diferentes universos marítimos. Así mismo, la propia biografía de la pieza, una historia marcada por el olvido y posterior recuperación, es ilustrativa para entender a una mayor escala, la historia del mismo patrimonio marítimo y cómo éste ha ido revalorizándose a lo largo del tiempo. 


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Col·lección de maquetas de Guillem Amengual

Dentro de las múltiples relaciones que se han dado tradicionalmente entre la comunidad marítima y el mar, las embarcaciones han constituido, sin lugar a duda, un elemento fundamental a la hora de consolidar los vínculos entre ambos mundos. Apreciadas más allá de su valor económico, este tipo de cultura material ha sido un factor determinante en la articulación social de las comunidades pesqueras, así como un agente activo en la definición de la cultura marítima.

Interpretación sociohistórica de la colección

  • Una expresión de los vínculos sociales con el mar

El valor patrimonial de esta colección no se entiende sin los estrechos vínculos generados entre su autor con el mundo del mar a lo largo de su vida. Tal y como hemos podido observar en otros casos, la importancia documental de las piezas está ligada a la biografía de vida de su artífice. De forma más concreta, este vínculo entre autor y obra lo podemos apreciar en el momento en que algunas de las maquetas diseñadas por el maestro Guillem son embarcaciones reales vinculadas a su trabajado como carpintero de ribera. El caso más ilustrativo lo vemos con Adamastor (1963), una embarcación de 10 metros que Guillem Amengual construye desinteresadamente a un gran amigo de la familia.
La ejecución de este proyecto no solo fue importante desde el punto de vista personal, sino que también fue significativo para el conjunto de la comunidad pesquera del Molinar. Una vez finalizada su construcción, se procedió al traslado de la monumental embarcación desde el taller del maestro hasta el puerto. Debido a las grandes dimensiones del proyecto, se necesitó de la participación de una gran parte de vecindario, quienes se coordinaron en diferentes grupos de personas para hacer llegar la embarcación hasta su destino final. Este acontecimiento popular hizo visible la importancia que tuvo la embarcación desde el punto de vista social, funcionando como un punto de unión entre los diferentes colectivos de la zona, así como desde el punto de vista profesional, ya que el éxito del proyecto significa la consolidación del maestro Guillem como un referente para la comunidad (Oliver, 2020). La posterior conversión de Adamastor en una maqueta supone, en este sentido, una manera de recordar y homenajear este importante proyecto trascendental tanto por la vida profesional del maestro, como también para la propia comunidad de la zona.

  • Diálogos con la tradición constructiva

De forma generalizada, el conjunto de modelos reproduce su carácter vocacional y autodidacta por las embarcaciones, tal como comenta su hija Antònia Amengual «el meu pare era molt bò fent els canvis d'escala. Era intel·ligent de la mar i era intel·ligent de terra » (entrevista a Antònia Amengual, junio 2021). La decisión del maestro por introducirse en el mundo del modelismo es una vía que utiliza para perpetuar sus conocimientos como carpintero de ribera. En este sentido, desde el punto de vista técnico, las piezas son una expresión material del virtuosismo que había desarrollado en su profesión. Se tratan de embarcaciones monumentales donde la madera tiene un protagonismo fundamental debido a su alta calidad. Cada una de las piezas de la colección constituyen modelos irrepetibles que fueron construidos con las mismas técnicas que aplica cuando trabajaba en la reparación y construcción de embarcaciones (Jaume Amengual, Mallorcapress 11 de diciembre de 2015). De este modo, el maestro Guillem no sólo conseguía mantener los vínculos con esta tradición, sino que, además, el cambio de escala le permitía trabajar con un mayor grado de precisión y de movilidad.
En este sentido, es importante destacar que el maestro aprovecha el proceso de miniaturización para difundir sus conocimientos artesanales al resto de la comunidad. Al respeto, Guillem Amengual deja inacabados algunos modelos con un propósito didáctico, tal y como comenta Antònia Amengual: «hi havia casos que les embarcacions no estaven acabades, això ho feia perquè la gent veiés com eren realment» (entrevista Antònia Amengual, junio 2021). Según comenta su hija, con este trabajo, el maestro tenía como objeto enseñar las partes estructurales y poco conocidas de las barcas tradicionales.

  • Comunidad, tradición e identidad marítima 

Des del punto de vista social, este proceso de miniaturización basado en el cambio de escala posibilita el fortalecimiento de unos vínculos afectivos del maestro, así como el desarrollo de estrategias de colaboración. Al respecto, destacamos cómo durante el proceso de creación de algunos modelos, participaron puntualmente algunas amistades del maestro: «hi havia un amic que venia, feien i desfeien, i li deia: mestre Guillem tens que fer això d’aquesta manera, i això d’altre» (entrevista Antònia Amengual, junio 2021). Además, el proceso de miniaturización permitía dar a conocer su trabajo dentro de un círculo social más íntimo, pero también al resto de personas interesadas en este mundo. Hay que destacar el importante vínculo que se generó con la Asociación de Laúd Modelismo Naval de Mallorca y la divulgación de su trabajo en recientes exposiciones locales.
Desde el punto de vista simbólico, las maquetas materializan una serie de intangibles asociados al mundo del mar. Tal y como hemos comentado al inicio, los modelos proyectan la importancia que han tenido las embarcaciones en la consolidación de la cultura marítima para la comunidad pesquera en general y en la trayectoria de vida de Guillem Amengual en particular. Más allá del valor personal del autor por las embarcaciones, éstas acaban actuando como un elemento activo en la definición de la identidad marítima de los diferentes colectivos tradicionalmente ligados al mundo del mar (Ransley, 2005). De forma unánime, las embarcaciones han sido interpretadas como una expresión material del anclaje por el mar vivido por las diferentes comunidades marítimas a partir del cual se han definido gran parte de sus relaciones sociales y culturales. 

Conclusión
Indudablemente, la importancia de esta colección va más allá de su valor técnico. Todo este conjunto resulta ser una expresión material sobre la pasión que proyectó el antiguo maestro a lo largo de su vida. Además, esta colección nos permite hacer visible la importancia que han tenido tradicionalmente las embarcaciones en la consolidación social y cultural de los diferentes colectivos ligados en el mar. Desde el Museo Marítimo de Mallorca hemos sido conscientes de este importante legado familiar y hemos querido homenajear esta importante obra de vida incorporándola como una pieza fundamental para nuestra colección.


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Herramientas de calafate. Colección Antoni Munar Colom

¿Qué es el oficio de calafate?

El oficio de calafate es un arte milenario con una gran tradición en la zona del Mediterráneo. En términos generales, el trabajo del calafate consiste en garantizar la estanqueidad de una embarcación utilizando para ello métodos artesanales. En este sentido, este oficio se ha basado tradicionalmente en una relación respetuosa con su principal herramienta de trabajo, la madera, ya que a través de este elemento se ha desarrollado un sistema de trabajo sostenible en términos materiales, económicos y sociales. A diferencia del carpintero de ribera, el calafate no ha necesitado de una gran infraestructura para llevar a cabo su trabajo. De hecho, es interesante ver que las herramientas que utilizan este colectivo se han caracterizado por una aparente sencillez y minimalismo, así como también por el valor que tienen como conjunto. Aunque hablamos de un arte con siglos de historia y estrechamente vinculado a la cultura marítima de nuestra isla, hoy son pocas las personas que continúan dedicándose a este oficio de forma artesanal.

Biografía de vida
Las herramientas de calafate que hoy integran parte de la colección del Museo Marítimo de Mallorca han pertenecido al antiguo carpintero de ribera y calafate Antoni Josep Munar Reus (1963), hijo también del reconocido carpintero de ribera y pescador Antoni Munar Colom (1931), más conocido como Boliquet. Hablamos de un conjunto de herramientas utilizadas tradicionalmente para calafatear y que Antoni J. Munar Colom usó en muchas ocasionas para trabajar con su padre en el antiguo astillero situado en el tradicional barrio pesquero del Molinar. Este conjunto de piezas está formado por las siguientes herramientas: dos mazas, un juego completo de hierros o parejas de calafate (nueve en total), una cesta de esparto como atrezzo y el resto de una bobina de estopa que usaron para calafatear la obra viva del llaüt «Grumete». Las piezas forman parte de la «Colección Antoni Munar Colom», que Antoni J. Munar ha confeccionado con mucho respeto a partir de las 684 herramientas de trabajo heredadas de su padre y de dos grandes maestros más: Antoni Llonch Vich (1884–1963) y Miquel Mestre Lliteres Ramis (1926-2017). En esta colección vemos proyectado un alto valor patrimonial, puesto que todas las piezas representan la obra de vida de cada maestro. Asimismo, observamos que la colección destaca por un importante valor emocional que va más allá del legado familiar. En este sentido, el conjunto de piezas representa toda una herencia de conocimientos que los tres maestros fueron transmitiendo a lo largo de las generaciones a través de su cultura material. Por esta razón, entendemos que cada una de las piezas simboliza el esfuerzo de los tres profesionales por mantener y consolidar una tradición marítima vinculada a sus oficios artesanales. En origen, el conjunto de herramientas de calafate perteneció al maestro Miquel Lliteres Ramis. Según comenta Antoni J. Munar, el maestro Miquel fue uno de los calafates más importantes de la isla reconocido por aplicar un gran manejo de la técnica en cada uno de sus encargos. Al respecto, sus proyectos fueron valorados positivamente entre la comunidad marítima, quienes destacaron la habilidad del calafate a la hora de desarrollar una elevada capacidad de adaptación y de resolución. En este sentido, las herramientas materializan la pasión que sentía Miquel Lliteres por un arte que llevó a cabo a lo largo de su vida y que le consolidó como Maestro Calafate: «quan no es trobava ningú per aturar una via d’aigua persistent acudien al mestre Miquelet» (entrevista Antoni J. Munar, 09 de abril de 2021). Además, el maestro trabajó de forma conjunta con el padre de Antoni J. Munar, el reconocido carpintero de ribera Antoni Munar Colom. Cabe destacar que ambos profesionales mantuvieron una gran amistad a lo largo de los años. Con el paso del tiempo, el maestro Miquel decidió ceder sus herramientas a su aprendiz Antoni J. Munar, quien hacía años que aprendía el oficio de calafate paralelamente al de carpintero de ribera. «tan bò ja va veure que havia superat la fase inicial com a mosset, doncs de forma cerimoniosa me va regalar les eines. Imagina’t quina càrrega emocional. Em vaig sentir molt orgullós» (entrevista Antoni J. Munar, 09 d’abril de 2021). Con esta herencia, Antoni J. Munar se dedicó a calafatear y a reconstruir embarcaciones de madera junto a su padre durante aproximadamente 25 años. Una vez dejó de dedicarse a ambos oficios, las piezas pasaron a formar parte de su colección. Al respecto, cabe destacar que hablamos de un conjunto de herramientas que podrían llegar a tener entre 70 y 80 años.

Interpretación sociohistórica

  1. Herencia y tradición

Si analizamos la dimensión social de las piezas observamos que ésta no se desvincula de su vertiente biográfica. Cómo hemos podido constatar, las herramientas de calafate actúan, a través de su carácter hereditario, como una forma de consolidar los conocimientos del maestro asimilados por el aprendiz, garantizando de este modo, su profesionalización. En este contexto ceremonioso que Antoni J. Munar califica de «ritual», vemos cómo las herramientas forman una alianza activa entre el maestro y el aprendiz a la hora de perpetuar una tradición anclada en el mar y a la madera. A partir de esta vinculación observamos cómo se hace visible el carácter vocacional del oficio: «de petitó la drassana era el meu parc infantil d’aventures, jo jugava entre les quadernes d’una barca que el meu pare treballava i sentia l’oloreta que fa la fusta quan la raspes, de l’estopa, el roure i el pi» (entrevista Antoni J. Munar, 09 d’abril de 2021). Como objetos de aprendizaje, las herramientas de calafate también funcionan como un elemento activo en la asimilación de un saber técnico y de unos valores culturales asociados a determinadas creencias y tradiciones del oficio (Oliver y Tomàs 2020).

  1. Formas de colaboración y de cooperación

En paralelo a este carácter hereditario, el estudio de las piezas ha visibilizado las complejas relaciones de colaboración y de productividad que se han dado dando tradicionalmente entre el oficio de calafate y el de carpintero de ribera. En términos generales, ambas artes han compartido a lo largo del tiempo un mismo sector económico, como es el de la construcción naval, generándose con ello diferentes estrategias socioeconómicas basadas en la cooperación. Una de las más destacables tiene que ver con los problemas derivados de la piratería (p.ej. los raptos y saqueos) y que afectaron especialmente a aquellos oficios cuyos trabajos se situaban en primera línea de la costa. El hecho de compartir una misma situación de vulnerabilidad provocó que los colectivos de calafates y de carpinteros de ribera desarrollaran acciones de resiliencia colectiva. Entre ellas destacamos la redacción de ordenanzas conjuntas ideadas con el objetivo de crear un fondo común para la redención de cautivos (Chamorro 2019). Los carpinteros de ribera y los calafates solían compartir un mismo espacio productivo que se situaba generalmente en un astillero donde se llevaba a cabo un trabajo complementario, pero diferenciado uno del otro «són dos oficis que es complementen i que resulten indissociables. Per això alguns artesans dominen ambdues disciplines» (Munar et al. 2010). Mientras que el trabajo del carpintero de ribera aglutinaba los conocimientos relativos a la construcción y reparación de una embarcación, el calafate se encargaba de garantizar su estanqueidad. Concretamente, se trata de un proceso dividido en varias etapas que empieza con «tapar amb estopa els coments de les posts o taules dels vaixells i de les embarcacions menors de fusta i cobrir-los amb una capa de brea» (Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana). En algunos casos, esta forma de trabajo conjunta ha dado lugar a una estructura gremial basada en la solidaridad (Chamorro 2019). Con el paso del tiempo, esta organización complementaria del trabajo ha derivado en una unificación de los oficios. Actualmente podemos ver que, en la mayoría de los casos, los carpinteros de ribera son las personas encargadas de calafatear las embarcaciones en sus talleres. En este sentido, los conocimientos vinculados con el arte de calafatear se han ido incorporando dentro del sistema de aprendizaje del carpintero de ribera siendo reproducidos por sus aprendices durante las fases iniciales en la instrucción del oficio (Oliver y Tomàs 2020). El elevado grado de asimilación que se ha generado alrededor del calafate por parte del carpintero de ribera ha provocado que a, día de hoy, se tenga una percepción unitaria de ambas artes. Esta reorientación de los oficios responde mayoritariamente a una estrategia de adaptación por parte del carpintero de ribera frente a una situación económicamente poco sostenible derivada del cambio de modelo socioeconómico del sector náutico-pesquero (Badias 2006). Con la sustitución de la madera, la tecnificación y descenso del número de embarcaciones tradicionales, los carpinteros de ribera se han visto obligados rentabilizar su trabajo incorporando para ello prácticas que no habían realizado tradicionalmente como, por ejemplo, garantizar la estanquidad de una embarcación. En este sentido, el análisis social de este conjunto de herramientas de calafate nos permite valorar no sólo la importancia sociohistórica de este oficio, sino también hacer visible sus actuales reivindicaciones. Hoy en día, los pocos calafates que trabajan en la isla tienen una doble lucha: la defensa de una tradición separada pero complementaria de la del carpintero de ribera y la salvaguardia de sus métodos tradicionales frente a los nuevos sistemas de impermeabilización, generalmente poco sostenibles. Para concluir, podemos ver cómo el estudio de estas herramientas nos ha permitido entender la importancia que han tenido tradicionalmente los vínculos sociales entre ambos oficios a la hora de desarrollar diferentes estrategias de cooperación y resiliencia. Al mismo tiempo, a partir del análisis de las piezas se ha querido visibilizar las principales problemáticas que han de afrontar actualmente los calafates. En este sentido, desde el Museo Marítimo de Mallorca consideramos importante la necesidad de establecer una reflexión alrededor de los caminos que tiene que tomar este colectivo para defender y perpetuar su tradición. Al respeto, hemos querido empezar por reivindicar el valor patrimonial de sus herramientas de trabajo-representadas en la colección de Antoni Munar Colom-y hacer visible su importancia dentro del conjunto de artes artesanales vinculadas al mar.


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Diorama de la almadraba y «de bou». Agustín Chicón Gómez

¿Qué es un diorama? 

Popularmente podemos conocer los dioramas como sinónimo de «maqueta» y también de «miniaturas». Concretamente, se trata de escenas modeladas de forma tridimensional donde se representa un tema concreto, ya sea un paisaje o un acontecimiento, con figuras humanas/animales reales o ficticias (Insley 2008). La función de los dioramas está estrechamente ligada a usos museísticos y didácticos, puesto que actúan como un tipo de expositor o lienzo explicativo donde se resumen y concentran las características de un tema, personajes de una región, etc. Tienen su origen a mediados del siglo XX en EE. UU.,  concretamente en los museos regionales norteamericanos, pero a lo largo del siglo XX y XXI su uso se ha extrapolado al resto mundo y, hoy en día, es frecuente encontrarlos expuestos en los museos regionales de carácter etnográfico y marítimo. 

Descripción general

La investigación empieza con el estudio de dos dioramas que construyó Agustín Chicón Gómez para la Cofradía de Pescadores de Palma durante la década de los años ochenta del siglo XX. En estas piezas encontramos representadas dos técnicas de pesca diferentes. En el primero, se reproduce el arte de pesca de la Almadraba en una maqueta de grandes dimensiones construida en 1982. El segundo diorama, de dimensiones también notables, hecho en 1986, representa un arte de pesca de bou. Ambas piezas y sus varios elementos (figuras, fondo marino y aparatos de pesca) están hechos a mano con cuerda, madera, metal, pintura y plomo.

Biografía de las piezas

Agustín Chicón fabricó el primer diorama en las antiguas dependencias de la Cofradía de Pescadores de Palma, situadas en las oficinas de la Llotja de Palma. En el proceso de creación del diorama participó, de forma puntual, su sobrino y maestro xarxer Juan Chicón. El segundo diorama también se fabricó en estas oficinas y lo hizo de forma individual Agustín.

Hasta mediados de los años 90, los dioramas se exhibieron a las oficinas de la cofradía. Posteriormente, las piezas se trasladaron a un nuevo local, situado en la calle de San Magí, en el barrio de Santa Catalina. En este nuevo espacio, se depositaron en un almacén y permanecieron hasta principios del siglo XX. Es en este momento, cuando la familia de Agustín emprende un proceso de recuperación, reparación y reubicación de los dioramas, que se trasladan al Centro de Salvamento Marítimo, donde se encuentran actualmente bajo la tutela de Miquel Chicón, uno de los hijos del autor. 

Interpretación sociohistórica

Desde una dimensión sociohistórica, la temática de las dos piezas nos permite hablar del sector pesquero y, concretamente, conectarlo con los cambios que se produjeron en la comunidad pesquera durante el último tercio del siglo XX. Por un lado, el primer diorama representa la almadraba, una compleja técnica de pesca tradicional profundamente arraigada al imaginario de los pescadores a causa de la importancia sociohistórica que tiene y, también, por los valores que representa. Dentro de las variantes que podemos encontrar sobre esta técnica, Agustín optó para representar un modelo concreto característico de la costa almeriense, la conocida como la Almadraba de Monteleva. Al contrario que sus predecesoras, esta técnica se caracteriza para utilizar redes fijas y un método de pesca selectivo y pasivo con la cual se disminuía el esfuerzo pesquero y permitía una mayor autonomía a los pescadores en la hora de hacer las capturas (García Vargas y Florido del Corral 2014). En este sentido, Chicón representa una versión moderna de la almadraba, en un contexto en el cual esta técnica milenaria empezaba a experimentar una progresiva desaparición (Florido del Corral 2005). Por lo tanto, la elección de esta pieza es resultado de una mirada nostálgica desde el presente del autor en que reivindica el pasado de las comunidades pesqueras y de las técnicas que empleaban.

Más allá de esta mirada nostálgica proyectada en la almadraba, Agustín también representó una técnica de pesca que estaba plenamente vigente en el momento en que la representaba en los dioramas de los años 80, como es la pesca de bou. Si bien hablamos de una técnica de arrastre que practicaba casi toda la comunidad pesquera mallorquina (especialmente a la zona de Alcúdia y Palma) desde finales de siglo XIX, la evolución de esta técnica estuvo estrechamente conectada con la modernización del sector pesquero balear. Esta modernización empezó con la motorización de las embarcaciones de pesca de bou en los años 20, pero el impulso definitivo se produjo a partir de los años 70 con la Ley de renovación y modernización de la flota pesquera del 1961 (Velasco 1992).

Con estos dos dioramas, podemos observar que se establece un diálogo entre dos prácticas pesqueras y dos maneras de aproximarse a la historia y la memoria de los pescadores. Por un lado, una práctica pesquera tradicional y poco mecanizada como la almadraba y, de la otra, un tipo de pesca más mecanizada y representativa de la modernización del sector, del modelo vigente. Sin embargo, ambas piezas tienen un elemento en común: la importancia que tienen las técnicas de pesca (y, dentro de estas, las redes) para la comunidad pesquera en general y para el autor de las obras, en particular. Estos intangibles asociados a las técnicas de pesca, a la modernidad y la tradición, hacen que nos planteamos el rol activo que tuvieron estos dos dioramas en la construcción de la identidad de los pescadores.

El rol identitario y simbólico comentado vinculado con los dioramas y las técnicas de pesca que representan se hace posible gracias a un proceso de miniaturización (Davy y Dixon 2021). Este cambio de escala posibilita la materialización de las técnicas de pesca y su traslación del mar a la tierra, del lugar en el cual los pescadores desarrollan su actividad, a las oficinas de la cofradía de pescadores. Es gracias a su menor escala y sus características físicas que los dos dioramas pueden exhibirse y verse en este espacio como una representación simbólica de las técnicas de pesca. Hablamos de un espacio trascendente, desde el punto de vista sociopolítico, puesto que las oficinas de la cofradía eran el lugar de encuentro entre los pescadores y otros miembros de la comunidad marítima, como las autoridades políticas y algunos segmentos de la sociedad. Desde el punto de vista sociohistórico, la Cofradía de Pescadores de Sant Pere de Palma es un lugar representativo tradicionalmente de la comunidad de los pescadores además de una de las cofradías más importantes de Mallorca histórica y económicamente, puesto que fue la primera que se fundó en el siglo XIV (Massutí 2004).  

Podemos concluir que estas dos piezas fueron elementos activos y aliadas de los pescadores en la hora de generar su propia identidad y de reivindicarse como comunidad ante el resto de la sociedad. Una identidad que se construye a partir de un elemento propio, la representación de las técnicas pesqueras, pero en la cual también participan otros elementos simbólicos, como es el propio edificio de la cofradía donde se exhibían los dos dioramas. Toda esta reflexión pone de relevo el importante valor social que tenían estas piezas y justifican la incorporación a la colección del Museu Marítim de Mallorca.


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Caja de marinero. Antoni Juncosa Aysa

¿Qué es una caja de marinero?

Las cajas de marinero eran un tipo de mobiliario que se utilizaba para transportar los efectos personales de los marineros durante las largas travesías hacia América. La demanda de este mueble en el Mediterráneo coincide con el auge del comercio marítimo y con el siglo de oro de la marina catalana que tuvo lugar a mediados del ochocientos (de Quiroga, 2010). Una característica que las distingue del resto de cajas de oficios utilizadas para guardar la ropa y utensilios es que en la parte interior de la tapa presentan escenas policromadas de carácter naíf. Generalmente, las pinturas no respondían a un motivo concreto, aunque la temática solía estar vinculada a la vida cotidiana del propietario (Fondo y Batlle, 2015). En cuanto al origen, era habitual que este tipo de mobiliario se hiciera a partir de encargos pequeños talleres especializados de artesanos o carpinteros con cierta pericia por el dibujo (de Quiroga, 2010; Martin, 2015).

Interpretación socio histórica

  • Cotidianidad en el mar

El estudio social de las cajas de marinero nos ha permitido conocer el mar y concretamente el mundo de la navegación a través de su cotidianidad. En este mueble contenedor se atesoraban, cerrados con llave, los efectos personales de los propietarios, entre los que destacamos «varias mudas de ropa interior, chaquetas, pantalones, fajas, gorras y zapatillas, todo bien nuevo, ropa de cama, sábanas, mantas de lana y almohadas» (Roig, 1929: 96). Teniendo en cuenta las largas travesías, podemos suponer que las naves representaban una segunda casa para la tripulación (Martin, 2015). Allí los marineros debían convivir en cámaras de dimensiones reducidas, lo que suponía que tenían que llevar lo indispensable en el equipaje para optimizar el poco espacio que había en la cabina (de Quiroga, 2010).

En este sentido, es importante entender que la caja de marinero no sólo es una pieza que hace visible el carácter más privado e íntimo de este colectivo. También evidencia una capacidad importante de adaptación y de gestión de los marineros con los recursos disponibles. Las mismas características físicas del mueble respondían a este objetivo: «el mobiliario estaba condicionado por el espacio, tamaño reducido, muebles compactos sin elementos sobresalientes y fáciles de fijar [...] es evidente que el mueble por excelencia más adaptado a estas condiciones era la caja» (de Quiroga, 2010: 49). De hecho, se apunta que uno de los motivos que explican la aparición de cajas policromadas se debe a la necesidad que tenían los marineros de distinguir sus muebles y marcar, de alguna manera, el sentido de su propiedad y estatus social del resto de la tripulación.

Desde el punto de vista social, las cajas nos muestran los vínculos de colaboración estrechos que se establecían entre los marineros a lo largo de las travesías. Aprovechando las horas muertas del viaje, se piensa que este colectivo se reunía en la parte de la cubierta para terminar de hacer algunos retoques relativos a la decoración y para preservar el mantenimiento correcto (Fuente y Batlle, 2002). En este lugar de reunión, los marineros también utilizaban las cajas para desarrollar otras actividades de forma conjunta: «sobre las cajas estaban sentados alrededor del puchero y comían» (Roig, 1929: 96). Estas experiencias colectivas al volante del mueble nos permiten ver los procesos sociales basados en la colaboración y la solidaridad que emergían de un colectivo fuertemente castigado por las duras condiciones que vivían en el mar.

  • Imaginarios del mar

En paralelo a esta vertiente social, la caja de marinero también hace visible un conjunto de imaginarios que convergían en torno al mar y que eran proyectados tanto por los propios marineros, así como por las familias. A través de las escenas policromadas, las cajas actuaban como un reflejo de los miedos, los deseos y los anhelos que rodeaban la experiencia de embarcarse, tal como vemos con la representación del mito de Judit. Según algunas investigaciones, con esta escena, se quería recordar el poder de la mujer sobre el hombre y el castigo que le esperaba a este en el caso de contravenirla (Yebra, 2020). Trasladando esta interpretación a la realidad de los marineros, se ha apuntado que el mito de Judit se convertía en una especie de advertencia visual de las mujeres a sus maridos en caso de que fueran infieles durante la travesía. Desde este escenario interpretativo, se trabaja con la idea de que podrían ser las mismas mujeres de los marineros las que encargaban la pintura al artesano (Martin, 2015).

Seguro que las motivaciones que impulsaron la representación de este mito en las cajas son muy diversas. Sin embargo, hay una tesis compartida que acepta que las cajas, desde la experiencia de los marineros, actuaban como espacios de recuerdo del hogar y de la familia cuando estos estaban embarcados en el mar. Al mismo tiempo, estos cofres materializaban los deseos y los miedos que experimentaban los marineros a la hora de embarcarse: «el marinero quería volver enriquecido y consideraban el viaje como un medio de vida que podía ofrecer beneficios» (Fuente y Batlle, 2015). Desde esta óptica, las piezas se convertían en una forma tangible de nostalgia y de ilusiones que se hacía patente por medio de escenas vinculadas a la vida cotidiana. El mito de Judit responde a esta idea, ya que era una escena que se había popularizado a lo largo del siglo XVIII a partir de estampas de pequeño formato y estaba estrechamente vinculada a la religiosidad característica de este colectivo. Sería plausible pensar que, en este caso, eran los mismos marineros los que elegían los temas a representar.

Conclusiones

Con todo ello, el estudio social de esta pieza supone una herramienta valiosa para conocer las preocupaciones cotidianas, morales y votivas de los propietarios, y para comprender los pensamientos, anhelos e inquietudes (Martin, 2015). Hablamos de una pieza con un alto valor patrimonial, ya que nos permite acercarnos a una historia más personal, cercana y humana del mundo del mar y que, desde el Museu Marítim de Mallorca, hemos querido recuperar y valorar.


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Proyecto de investigación centrado en la memoria oral de las personas mayores de Mallorca.

La investigación llevada a cabo por Ariana Domínguez García implica entender que los objetos contienen historias, tienen memoria y, además, construyen relatos en su relación cotidiana con las personas. Para profundizar en el relato que rodea a las piezas, ha sido utilizada la historia oral como principal herramienta de análisis, una metodología que nos ha permitido contemplar una gran variedad de fenómenos que rodean la vida cotidiana de los objetos.

Con este escenario, ha querido trabajar a partir de tres ejes: descifrar la biografía de los objetos y conectarla con la biografía de los autores o de las autoras, investigar sobre la importancia en su contexto sociohistórico y reflexionar sobre el proceso de patrimonialización de la pieza.